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2017/12/12

Oh sorpresa, 2018, buen año demográfico para Colombia.

La propaganda apocalíptica de ANIF y Asofondos, repetida acríticamente por dirigentes de opinión y candidatos, oculta aspectos que podrían ir en la otra dirección. Así no se puede tener una discusión seria.

Copio aquí una parte del capítulo 1 del informe de la Misión Colombia Envejece (Carmen Elisa Flórez Nieto, Leonardo Villar, Nadia Puerta y Luisa Fernanda Berrocal), página 40-41:

1.5.3. Relación de dependencia

La relación de dependencia es la relación entre la población potencialmente dependiente (menor de 15 años y de 60 años o más) y la población potencialmente activa (15-59 años). Este indicador, que descansa enteramente en la estructura por edad, se usa para medir, en términos generales, la necesidad de soporte social de la población adulta mayor y de la población infantil por parte de la población económicamente activa. Cuando hay disminuciones en la relación de dependencia, se abre una ventana de oportunidad denominada bono demográfico, momento en el cual se requieren menos recursos para el soporte de la población dependiente y aumentan las posibilidades de acumulación de capital y crecimiento económico. En términos de fases, el bono demográfico ocurre cuando la relación de dependencia   es menor a 66 dependientes por 100 personas activas (Ramírez, et al., 2013). 


La relación de dependencia ayuda a predecir los efectos potenciales de los cambios

demográficos en el desarrollo económico (Cotlear, 2011). La relación de dependencia ha venido disminuyendo en los últimos años (ver Figura 11). 




Su aumento en el pasado obedeció principalmente al gran número de personas entre 0 y 14 años de edad. Pero a medida que avanza la transición demográfica, la participación de este grupo en el total de la población empieza a disminuir debido al descenso en las tasas de fecundidad, mientras que la participación de la población de 15 años o más empieza a crecer hasta conformar una sociedad mayoritariamente juvenil, en la que las relaciones de dependencia alcanzan el punto más bajo y se dan las condiciones propicias para el bono demográfico. En Colombia, la relación de dependencia es actualmente de 60.9, lo que significa que por cada 100 jóvenes hay 61 personas en edades no productivas. El punto más bajo se alcanzaría alrededor del año 2018, lo que indicaría que en esta y en la próxima década el crecimiento económico colombiano se beneficiaría del bono demográfico. Después de la década del 2020, la relación de dependencia comenzaría a aumentar de nuevo, ahora como consecuencia del envejecimiento paulatino de la población.


La relación de dependencia tiene dos componentes: el asociado a la población menor de 15 años y el de la población de 60 años o más (la Figura 12 muestra la relación de dependencia de las personas mayores). 





Este indicador asocia únicamente a la población de 60 años o más con la población en edad de trabajar (15-59 años). El envejecimiento de la población a lo largo del periodo se evidencia en el hecho de que la relación de dependencia de las personas mayores es creciente: pasa de 13 personas mayores por cada 100 en edad activa en 1985 a 17 en el 2014 y a 40 en el 2050. Sin embargo, es a partir de la década del 2020 cuando esta relación aumenta más aceleradamente, dando paso al final de la fase de sociedad juvenil (9) y al inicio de una sociedad en proceso de envejecimiento, en la que el bono demográfico se acaba y comienza a regir lo que se conoce como impuesto demográfico (10) . Por consiguiente, la sociedad debe prepararse para disponer y asignar más recursos a la población mayor, con los costos económicos y financieros que esto puede implicar. Por otra parte, es importante resaltar que la emigración hacia las ciudades que ocurre en las zonas rurales hace que la población económicamente activa suela ser menor como porcentaje del total y que las relaciones de dependencia sean por ello mismo más altas. Es decir, que en las zonas rurales hay un menor soporte de la población dependiente por parte de la población potencialmente activa.


En términos generales, la evolución de la relación de dependencia en Colombia es acorde con los promedios de Latinoamérica. En el siglo XX, las altas relaciones de dependencia en el subcontinente obedecían a las relaciones de dependencia de los menores. A finales de la presente década se espera que la región llegue a los mínimos valores de dependencia (alrededor de 60) para luego empezar a crecer de nuevo debido a los incrementos de la población mayor de 60 años. Sin embargo, el inicio de una sociedad envejecida en Latinoamérica en su conjunto se espera que ocurra alrededor del 2040, algo más tarde que en Colombia (Celade, 2014). En cuanto a otras regiones, como Asia, el proceso es más heterogéneo: India e Indonesia, por ejemplo, llegarán a sus puntos más bajos de relación de dependencia en el 2040 y el 2015 respectivamente, en contraste con países como Japón o China, que alcanzaron sus puntos más bajos en 1990 y en el 2010, respectivamente.


(9) De acuerdo con Celade (2014), una sociedad juvenil es aquella en la que predomina la población menor de 20 años.

(10) De acuerdo con Celade (2014), después del periodo del bono demográfico sigue un período en el que el cambio demográfico es adverso, ya que la fuerza laboral potencial crece más lentamente que la población dependiente. Este período económico es el del impuesto demográfico.

Bibliografía citada: 


Celade. (2014). La nueva era demográfica en América Latina y el Caribe.

La hora de la igualdad según el reloj poblacional. Primera Reunión de la Mesa
Directiva de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: División de Población de la Cepal.

Cotlear, D. (2011). "Envejecimiento de la población: ¿está preparada América

Latina?" En D. Cotlear (Ed.), Envejecimiento de la población: ¿está preparada América Latina? (pp. 1-43). Washington, D.C.: Banco Mundial.

DANE (2014), Proyecciones de población. Recuperado de: http://www.dane.

gov.co/index.php/poblacion-y-demografia/proyecciones-de-poblacion

Pachón, A. (2012). Proyecciones demográficas para el sistema de ciudades en Colombia. Bogotá: Departamento Nacional de Planeación.


Ramírez, J. C., Acosta, O. L., Pardo, R., Perdomo, N. y González, L. (2013).

Políticas sociales diferenciadas para las ciudades en Colombia. Una nueva
generación de políticas sociales (versión de progreso). Misión de Sistema de
Ciudades DNP-Cepal. Mimeo.


2017/12/11

El argumento de Asofondos

Recomiendo leer el discurso de Santiago Montenegro en la clausura del pasado congreso de Asofondos para entender lo que quieren, o por lo menos lo que le dicen a ciertas audiencias acerca de lo que quieren.

http://asofondos.org.co/sites/default/files/Discurso%20de%20Santiago%20Montenegro%20Clausura.pdf.

En azul señalo unos elementos de diagnóstico puntual, y en vinotinto las propuestas específicas que hace.


Discurso de Santiago Montenegro, presidente de Asofondos, en el X Congreso FIAP-ASOFONDOS Hotel Hilton, Cartagena de Indias, viernes 21 de abril de 2017 


Señor presidente de la república, doctor Juan Manuel Santos 
Señor Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas 
Don Guillermo Arthur, presidente de la FIAP 
Señores miembros del Consejo Directivo de Asofondos 
Señores presidentes de las AFP de Chile, Perú y México 

Estimado señor presidente: 

Quiero, en primer lugar, agradecer a Usted su presencia en nuestro décimo Congreso FIAP-Asofondos. Como en anteriores ocasiones, Usted nos honra con su presencia. 

Nos reunimos, señor presidente, en una época en la cual el mundo y la región enfrentan innumerables problemas, y en donde muchos columnistas, analistas políticos, académicos y personas del común ven solo sombras, crisis, problemas insolubles. Por estas razones, algunos dicen que esta no es una época de cambios, sino un cambio de época. Cambio, ¿hacia qué? Cambio, ¿hacia donde? Por supuesto, nadie sabe. Porque, entre otras cosas, para saber hacia adonde nos dirigimos, tenemos que conocer, no sólo donde estamos, sino de donde venimos. Es decir, tenemos que contar con buenos diagnósticos del presente y también conocer muy bien nuestra historia, el mundo del ayer, el país que nos dejaron nuestros mayores. 

Pero, aún suponiendo, que nos ponemos de acuerdo en los diagnósticos de los problemas y en una narrativa histórica y nos apoyamos en la ciencia y en la razón, mucho dependerá de la actitud que adoptemos. Está, por ejemplo, la actitud de los cínicos, de los que creen que el mundo y la sociedad están ya tan descompuestos y corruptos que es imposible solucionar los problemas, que cualquier cosa que hagamos es inútil, que solo construimos en el aire y aramos en el mar. 

Por otro lado, están los que creen y argumentan que problemas como la corrupción, la baja calidad de la educación o los problemas de la seguridad social, son síntomas de un problema mas general, de fondo, que aqueja a toda la sociedad, y, en este orden de ideas, proponen un cambio absoluto, para arreglar, de una vez y para siempre, todos los problemas de la sociedad y lograr, por que no, la felicidad de cada uno de sus miembros. Estos son los amigos de lo que llaman el cambio estructural o la revolución, ya sea de izquierda o de derecha, y que comienzan, casi siempre, proponiendo la redacción de una nueva Constitución. 

Frente a estas, existe la actitud de quienes piensan -pensamos- que, no solo es posible solucionar problemas parciales y avanzar con gradualidad, sino que ésta es la única manera de construir sobre lo logrado, es la actitud que acepta que nadie tiene la verdad revelada, es la actitud que reconoce la diferencia, que busca alcanzar acuerdos entre contrarios, es la actitud que se plasma en un contrato social que propone y acepta que el poder debe ser limitado, tanto en el espacio como en el tiempo, donde existe separación de poderes, donde es posible cambiar a los gobernantes en forma pacífica y en donde, más que de personas, los gobiernos son de instituciones. Es el contrato social de la sociedad abierta, el contrato social de la democracia liberal, de los gobiernos democráticos y republicanos. Por supuesto, las sociedades así constituidas y gobernadas, como la nuestra, también caen, muchas veces, en la desesperanza y en el pesimismo. No es la primera vez que esto sucede, pues, como Chesterton argumentó hace muchos años, los países democráticos de occidente recurrentemente también padecen del “espíritu infantil del pesimismo moderno, en donde cada derrota es el fin del mundo, cada nube el crepúsculo de los dioses.” 


En una época así, en la que tantos analistas e intelectuales parecen vislumbrar el apocalipsis, con modestia, pero con decisión, nosotros queremos manifestar enfáticamente, que nuestros problemas tienen solución, que los más y no los menos, tenemos buena voluntad, que la gran mayoría de los colombianos, incluyendo a empresarios, empleados, funcionarios públicos y políticos, somos honestos y trabajadores. Por estas razones, recordando a uno de los grandes pensadores italianos, afirmamos que “al pesimismo de la inteligencia tenemos que responder con el optimismo de la voluntad.” 

Así, en el día de hoy, queremos reiterar nuestra voluntad y nuestra invitación a que, entre todos, unamos esfuerzos para resolver los problemas de la seguridad social en la vejez de los colombianos del presente y, especialmente, de los que vendrán después. Los obstáculos no son menores, las soluciones no son fáciles, pero Colombia no puede posponer indefinidamente una solución a un sistema pensional que tiene baja cobertura, y, en su componente público, serios problemas de sostenibilidad e inequidad. 

En este Congreso FIAP-ASOFONDOS hemos hecho un énfasis especial y realizado un análisis cuidadoso de dos variables críticas que determinan y limitan las soluciones posibles para proveer un adecuado seguro contra los riesgos de la vejez: la transición demográfica y las condiciones de nuestro mercado laboral. Con base en estudios serios y en cifras objetivas, es importante analizar estas variables, sin olvidar que siempre debemos centrarnos en como damos más y mejores pensiones con un sistema que sea sostenible en el tiempo. Este es el enfoque correcto y difiere de las reformas que se hicieron, por ejemplo, en Argentina, en donde la prioridad fue generar caja para mejorar las cuentas fiscales del gobierno, o en otros países de la región, en donde el objetivo parece ser, no mejorar el sistema pensional, sino cambiar la administración del sistema. 

El primer esquema formal para cubrir el riesgo de la vejez, diferente al cuidado de los hijos y otros familiares, comenzó, hasta donde conocemos, en Escocia, en el año de 1744. Allí, dos pastores protestantes, Alexander Webster y Robert Wallace, decidieron establecer un fondo de seguro de vida para proporcionar pensiones a las viudas y huérfanos de pastores muertos. Propusieron que cada uno de los pastores aportara una porción de sus salarios al fondo, que invertiría su dinero, de forma que, si un pastor moría, su viuda recibiría los dividendos de los intereses del fondo, lo que le permitiría vivir confortablemente el resto de su vida. Para predecir cuantos pastores morían por año, cuantas viudas y huérfanos dejarían y cuantos años sobrevivirían las viudas a sus maridos, contactaron a un profesor de matemáticas de la Universidad de Edimburgo,  Colin Maclaurin, quien utilizó los descubrimientos, entonces recientes, de la ley de los grandes números de Jakob Bernoulli y las tablas actuariales, publicadas 50 años antes, por Edmond Halley. Así, estos contemporáneos de los grandes intelectuales de la ilustración escocesa, como Adam Smith, David Hume, Samuel Johnson, crearon el primer sistema pensional conocido en el mundo y que se caracterizó, primero, por ser de capitalización y de cuentas individuales, en donde la pensión era proporcional a lo que cada afiliado había cotizado, y, segundo, por establecer una clara conexión, a nivel individual, entre esfuerzos, responsabilidades y beneficios. El fondo se llamó Viudas Escocesas, fue un éxito inmediato, existe hasta la actualidad, y es abierto a quien quiera aportar. Hoy en día es uno de los mayores fondos de pensiones y seguros del mundo, con activos superiores a los 100 mil millones de libras esterlinas. 

Casi un siglo y medio después, en 1881, el Conde Otto von Bismarck creó en Alemania un sistema de pensiones bajo una concepción diferente, el llamado sistema de reparto, o de Prima Media, como lo llamamos en Colombia. En este sistema, que, a diferencia del escocés, fue estatal, los trabajadores actuales financian con sus contribuciones, las pensiones de los jubilados del presente, por lo cual separa, a nivel individual, la conexión entre contribuciones y pensiones y entre esfuerzos y beneficios. 

A diferencia de la capitalización individual, que se limitó a Escocia y a otros lugares puntuales, el modelo que primó en el mundo durante mucho tiempo fue este sistema creado por Bismarck. Entre otras razones, porque proporcionó enormes recursos a los Estados en razón a las condiciones demográficas que perduraron durante muchos decenios. En el caso de Alemania, cuando Bismarck creo su sistema, el derecho a la pensión se obtenía a los 65 años, 6 cuando la esperanza de vida al nacer era de tan solo 45 años, lo que proporcionó enormes recursos al naciente estado alemán para expandir su poderío político y económico. Lo que hace tantos fue una fuente de recursos para los Estados, hoy en día es uno de los mayores dolores de cabeza en varios países del mundo. Las condiciones de estos sistemas de reparto comenzaron a cambiar cuando comenzó a crecer la esperanza de vida al nacer, por cuenta de la invención de los antibióticos y otros adelantos médicos, y también como resultado de la drástica caída en la tasa de fertilidad, cuando en forma masiva las mujeres comenzaron a estudiar y a vincularse al mercado laboral. 

Por estas razones, muchas personas centran sus argumentos sobre la viabilidad o pertinencia de un régimen pensional exclusivamente en las variables demográficas. Se dice, por ejemplo, “nuestra población es aún joven,” para justificar que no es tan urgente introducir reformas al sistema pensional. Una de las conclusiones más importantes de este Congreso ha sido plantear que, tan importante como la transición demográfica, las condiciones del mercado laboral son determinantes para la viabilidad de los sistemas pensionales. 

A comienzos del siglo XX, nuestra población era de apenas cinco millones de habitantes, hoy es de 47 millones; la gran mayoría vivía en el campo, hoy está en las ciudades; a mediados del siglo pasado, una mujer tenía en promedio siete hijos, hoy tiene solo dos; hace un siglo, la esperanza de vida al nacer era de unos 43 años, a mediados de siglo subió a 50 años, hoy está en unos 73 años, y, según, los escenarios medios construidos por las Naciones Unidas, se espera que hacia mediados del siglo XXI, esta cifra alcance los 82 años; hacia 1950, la esperanza de vida de quienes alcanzaban los sesenta años de edad era de unos cinco años, hoy es de unos 21 años y, hacia el año 2050 se espera que alcance los 26 años. 7 Una forma de expresar estos cambios es con un simple número que muestra la relación entre el número de trabajadores económicamente activos y la población en edad de retiro laboral, la cual definimos a los 65 años, utilizando la convención que usa las Naciones Unidas. 

Usando este indicador, hacia mediados del siglo XX, Colombia era realmente un país joven, que se expresaba en una relación de más de 11 trabajadores activos por cada adulto mayor. Suponiendo que los 11 trabajadores cotizaban a la seguridad social, había plata más que suficiente para pagar las pensiones de los jubilados. 

Hoy en día, dicha relación ya no es de 11, sino de solo 6.7 trabajadores activos por cada adulto mayor. En teoría, con esta relación, nuestra demografía permitiría que un régimen de reparto esté en equilibrio, pero no por mucho tiempo, porque esta tasa caerá a 4 en 2030 y a tan solo 2 hacia 2060. Dado que el régimen de reparto no tiene excedentes, entonces, solo por cuenta de la demografía, actuarialmente ya está en desequilibrio y enfrenta un enorme pasivo pensional. Es decir, no es viable un régimen que, por definición, plantea que cada vez menos jóvenes financien las pensiones de cada vez mas viejos. Estrictamente hablando, eso es lo que se conoce como una pirámide financiera. Por estas razones, un régimen así no debe ser conocido como de solidaridad intergeneracional, porque, mientras los jóvenes del hoy son solidarios con los adultos de hoy, cuando esos jóvenes de hoy sean los viejos de mañana, no habrá suficientes jóvenes para pagarles sus pensiones. 

Y, para ser muy preciso, quiero enfatizar que estas cifras se calculan suponiendo que no existiesen, ni los regímenes especiales, como los de los maestros o de las fuerzas armadas ni el régimen de ahorro individual. Por lo tanto, estamos asumiendo que todos los trabajadores activos solo cotizan al régimen de prima media. Así, no se puede culpar a la existencia del RAIS de los problemas de sostenibilidad del régimen de prima media. 


Se podría también argumentar que, quizá, dichos desequilibrios futuros podrían cubrirse elevando las cotizaciones, reduciendo el monto de las pensiones, incrementando la edad de jubilación, o con una combinación de las anteriores. En este Congreso, hemos analizado que dichos ajustes paramétricos serían tan grandes que, simplemente, son irrealizables. Ante las dificultades políticas de introducir estas medidas, que, además, son altamente impopulares, o ante las dificultades jurídicas, porque exigen en muchos casos vulnerar derechos adquiridos, otros analistas sugieren que los déficits se podrían cubrir con impuestos y otros traslados presupuestales. En realidad, impensable en un país con las dificultades fiscales, como Colombia. Todo el cuadro anterior se agrava por nuestra informalidad laboral que también afecta críticamente la viabilidad de los regímenes de reparto. 

En Colombia, tenemos unos 24 millones de personas económicamente activas, de las cuales 22 tienen una ocupación y otros 2 millones están desempleados. De estos 24 millones de activos, solo 8,4 millones están cotizando a pensiones (a los dos regímenes) lo que implica que la informalidad, definida como los trabajadores que no cotizaron a pensiones en el último mes, sea de un 65 por 9 ciento de la población económicamente activa. Si trasladamos estas cifras a nuestra relación de trabajadores activos a adultos mayores, encontramos que, en lugar de 6.7, solo tenemos dos. Para ser más preciso, en Colombia solo tenemos dos trabajadores cotizando a pensiones por cada adulto mayor de 65 años. 

Esta es la relación que tiene un país de población muy envejecida, como Japón, y es la tasa que, teniendo en cuenta solo la transición demográfica, deberíamos alcanzar hacia el año 2060. 

Es como si la informalidad nos envejeciera prematuramente, pero no con el ingreso per cápita de un país rico, como Japón US$ 40 mil sino con el magro ingreso per cápita que tenemos en la actualidad, que es de unos US$ 8 mil. 

Señor presidente, señoras y señores: 

Las implicaciones de estas cifras que acabo de mencionar son cruciales para la seguridad social de Colombia, porque de ellas se extraen varias conclusiones: 

Primero, un régimen de reparto puro no es viable con la transición demográfica y la informalidad laboral de Colombia; 

Segundo, dicha inviabilidad es estructural, no depende de los regímenes especiales, que, por supuesto agravan la situación de caja de prima media, ni tampoco de la existencia del régimen de ahorro individual. El déficit pensional alcanza este año $38 billones, lo que equivale a más de un 4% del PIB y un tercio de los recaudos de impuestos del gobierno; 

Tercero, más grave que de la situación de caja, del déficit actual, es el valor presente de los déficits futuros, o sea el pasivo pensional del régimen público, que alcanza un 111% del PIB, según el ministerio de hacienda. 

Cuarto, aun subiendo la edad de jubilación, incrementando el monto de las cotizaciones o reduciendo drásticamente los montos de las jubilaciones, el régimen es insostenible. Por ejemplo, aun suponiendo que elimináramos la informalidad y que cotizara al régimen de reparto toda la población económicamente activa, que hoy son 24 millones, habría que subir la tasa de cotización a un 37%, en 2050. Si se mantuviese el porcentaje de informalidad actual, la cotización sería del 105% del salario hacia el mismo año. 

Quinto, además de sus insostenibilidad fiscal, estudios académicos y documentos del Ministerio de Trabajo y del DNP demuestran que el régimen de prima media es altamente inequitativo, con subsidios que se concentran mayormente en el quintil más alto de ingresos y una mínima parte en los más bajos salarios.  

En este orden de ideas y recogiendo las experiencias y lecciones que nos enseña nuestra historia y la de otros países, quiero, respetuosamente plantear ahora unos principios generales que podrían guiar una reforma pensional en nuestro país. 

En primer lugar, la discusión debe centrarse en como diseñamos un sistema pensional que incremente la cobertura pensional, que sea equitativo y sostenible en el tiempo. Quiero insistir en que la discusión no puede centrarse en quien administra el sistema. Al final del día, se verá que, como en otros países, la administración del sistema pensional deberá ser compartida entre administradores públicos y privados. En este sentido, queremos enfatizar que nunca hemos argumentado el cierre de la administradora pública, Colpensiones, como nos acusan algunos. 

Segundo, Colombia debería tener un solo sistema pensional, con diferentes pilares, y, por lo tanto, tenemos que acabar la coexistencia de dos regímenes contributivos que, en lugar de complementarse, compiten uno con otro y dan lugar a arbitrajes que favorecen a los sectores de más altos ingresos. 

Tercero, con base en las condiciones demográficas y laborales, las pensiones deben ser proporcionales a lo que cada trabajador ha cotizado durante su vida laboral. Esto implica el fin del llamado beneficio definido y el paso a un sistema de cuentas individuales. El actual gobierno dio un paso muy importante en esa dirección al decidir que el nuevo esquema para los riesgos de la vejez de la población de bajos ingresos, los BEPS, sea un régimen de cuentas individuales. Esta es la política que han adoptado los países con mejor seguridad social del 12 mundo, como Dinamarca, Australia o Suecia. En forma semejante, países que mantienen el sistema de reparto, como Alemania, en la práctica han eliminado el beneficio definido al ajustar los montos de las pensiones con la disponibilidad de los recursos. 

[el cuarto punto se refundió!]

Quinto, el régimen contributivo de cuentas individuales debería ser de capitalización, por dos razones. En primer lugar, porque Colombia tiene una baja tasa de ahorro, que se sitúa tan solo en un 19% del PIB. En países con altísimas tasas de ahorro, como Suecia o China, el premio Nobel de economía, Peter Diamond, argumenta que las cotizaciones no requieren ser ahorradas y pueden legítimamente financiar las pensiones de los jubilados actuales. En segundo lugar, la capitalización se justifica para proveer una mayor devolución de saldos a quienes no alcanzan a jubilarse, y así obtener un BEP de mayor valor, acabando la penalización de los afiliados al régimen de prima media, a quienes se les devuelve sus cotizaciones ajustadas solo por la inflación. 

Sexto, debe existir un pilar solidario no contributivo, para los colombianos con discapacidad y para los de muy bajos ingresos, financiado con el presupuesto nacional que, idealmente, debería cubrir la línea de pobreza extrema. El actual programa Colombia Mayor es ya una base sólida sobre la cual cimentar dicho pilar solidario. 

Séptimo, la reforma pensional deberá respetar los derechos adquiridos de los actuales pensionados y las expectativas legítimas de quienes están próximos a jubilarse, lo que implicará, necesariamente, una nueva transición a partir del momento de su entrada en vigencia. 

Octavo, Colombia necesita con urgencia una política para reducir drásticamente la informalidad laboral y, por eso, seguiremos insistiendo en que la mejor reforma pensional deberá ir acompañada de una reforma laboral que permita cotizar a muchos más colombianos a la seguridad social. Con solo ajuste paramétricos, será imposible incrementar la cobertura pensional más allá del 25%, que logra el RAIS, en parte con el Fondo de Garantía de Pensión Mínima, mientras la cobertura esperada de prima media es de tan solo un 10%. 

Noveno, la política de seguridad social en pensiones y en salud tiene que estar atenta a los cambios que la globalización, las tecnologías de la información y la robotización están ocasionando en los mercados laborales de todo el mundo. Debemos prestar particular atención, a los comportamientos y actitudes de los llamados Millennials, quienes son independientes, migran constantemente de un trabajo a otro, sin prestar mucha atención a su futuro. Estos grupos poblacionales deberán ser particularmente conscientes del principio que, en el siglo XVIII, introdujeron los sacerdotes presbiterianos que crearon el primer sistema pensional, en el sentido de que, a nivel individual el goce de un beneficio debe estar atado a la responsabilidad de un ahorro a lo largo de la vida laboral. 

Señor presidente, señoras y señores: 

Al reiterarle nuestra gratitud por su presencia en este décimo Congreso FIAPASOFONDOS, queremos insistir en nuestra voluntad para ayudar a mejorar el sistema de seguridad social en pensiones, con un espíritu en donde prime el debate sereno, se reconozca la diferencia, se discuta con base en estudios y en cifras sustentadas, se recojan los aportes de los mejores académicos del país y del exterior, y se dejen a un lado las preconcepciones, la ideología, la politiquería y el ataque personal. 

En este y en tantos otros temas, los colombianos tenemos que lograr acuerdos y dejar atrás la polarización y la crispación que tanto daño nos han ocasionado. Debemos adoptar la mirada del observador imparcial, que sugirió Amartya Sen en su libro sobre la justicia, un observador que ve desde la distancia, no solo el presente inmediato sino también el plazo largo. Ese observador imparcial constatará que nuestro país ha progresado en todos los órdenes. Ese observador imparcial certificará que ese progreso material no hubiese sido posible sin un conjunto de entidades públicas y privadas que han resistido a la violencia, al narcotráfico, a la intolerancia, en un país con una geografía indómita, y en una región de innumerables gobiernos populistas, cuando no de dictadores y caudillos. Ese observador imparcial anotará que, desde los albores de la república, hemos tenido unas instituciones republicanas, con gobiernos civilistas, que llegaron al poder por medio de procesos electorales y que hicieron un uso limitado del poder. 

Con no pocas dificultades, fuimos capaces de construir un contrato social que acepta que el poder debe tener límites en el espacio y el tiempo, que los gobiernos se cambian por métodos pacíficos y por reglas preestablecidas, que nadie puede ser sancionado por sus ideas y que la economía privada funciona con base en la confianza de normas estables y predecibles. Ese observador imparcial quizá nos diga que ese contrato social está bien sustentado, pero que podemos mejorarlo aún más si recordamos la visión de Edmund Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia. Porque Burke, en este libro inigualable, reconoció que la sociedad es, efectivamente, un contrato, pero no solo es un contrato entre los que están vivos; es también un contrato entre los vivos y los que ya están muertos, pero, sobre todo, es un contrato entre los vivos y los que todavía no han nacido. 

Cuando reflexionamos sobre las políticas para ajustar nuestro sistema pensional estamos tomando decisiones que afectan, no solo a los colombianos de hoy, sino a los jóvenes, a los niños y a quienes no han abierto aún sus ojos en esta tierra. Por nuestros hijos, por nuestros nietos y por todos los que vendrán después, tenemos la obligación de ajustar este contrato social y adoptar esta tarea con prontitud y con la mayor responsabilidad. 

Muchas gracias.


2017/12/01

Asofondos manipula gráficas de esperanza de vida.

Al lector le recomiendo un librito, How to Lie with Statistics, ("Cómo mentir con estadísticas"). Tiene un capítulo dedicado a cómo se puede manipular las gráficas para que unos datos parezcan muy dramáticos, escogiendo un rango de la escala vertical y estirando.






Asofondos y ANIF, para convencernos de la necesidad de aumentar la edad de la jubilación, manipula gráficas para que no advirtamos la magnitud exacta del cambio en la esperanza de vida, tanto al esperanza de vida al nacer, como la esperanza de vida en edades avanzadas (parámetro de mucho mayor relevancia).

[Añadido: para mostrar por qué la esperanza de vida al nacer no es relevante, pues puede haber crecido sin causar riesgo pensional, copio fragmento de artículo anterior del blog.

Por el contrario, ahora que unos niños no murieron y pudieron llegar a la adultez y trabajar, podrán aportar cotizaciones e impuestos, ayudando así sus mayores pensionados].

Aquí muestro esas gráficas amañadas de Asofondos/ANIF y les hago disección; hacen parte de la presentación "Ajustes urgentes a los regímenes de reparto en pensiones", Seminario temático Anif – Asofondos, Club El Nogal, Bogotá, Colombia, Noviembre 11 2015.






Añadí las líneas verdes para marcar el valor de la esperanza de vida en 1970-1975 (62) y en 2050-2055 (81), además de la actual (72.9). 


1970-1975 2010-2015 2045-2050
Expectativa
vida al nacer
62 72,9 81
Incremento 72,9-62=10,9 81-72,9=8,1

Sí, la esperanza de vida al nacer se ha incrementado grandemente. Pero como antes vimos, lo que mporta saber para el asunto de riesgo de longevidad pensional es si nuestros mayores van a vivir más: la esperanza de vida a los 60 / 70 / 80 años.

Para la cohorte de personas que hoy (bueno, 2015) tienen 60 años, en promedio, ¿cuántos años más van a vivir? 24,1 años dice la gráfica que usa la misma Asofondos. Los que tenían 60 años en 1975, ¿cuánto más vivieron en promedio? 16,7 años.  


La verdad, resulta un poco extraño que parezca casi recta, pero supongamos que esa fuente de información (1999) es confiable. 

Nótese como, respecto de la gráfica anterior, los de Asofondos  escogieron un rango y estiraron el gráfico en la dimensión vertical-- el viejo truco, para que 16 años de diferencia (30-14) se vean dramáticos.

1970-1975 2010-2015 2050-2055
Expectativa
vida a edad 60
16,7 21,4 25
incremento 21,4-16,7=4,7 25-21,4=3,6

Es entonces evidente que si bien la esperanza de vida a los 60 también ha crecido en esos 40 años, ha crecido bastante menos que la esperanza de vida al nacer: apenas 4 ó 5 años.  Esa población vive más, pero no por mucho.



Todavía más diciente es el análisis del incremento de la expectativa de vida a los 80 años. 



Siguen los datos extraños. Esa comba necesita ser explicada, pero supongamos que está bien. Se nota un nuevo estiramiento: de 9 años ahora (entre los 84 y los 93 años). 
1970-1975 2010-2015 2050-2055
vida a edad 80 6.7 8.6 10,3
incremento 8,6-6,7=1,9 10,3-8,6=1,7

En los últimos 40 años, para alguien que ya tiene 80 años, la esperanza de vida creció menos de dos años, y en los próximos 40 años crecerá menos aún. 


Para ver todo en perspectiva, vamos a poner la información de las tres tablas en el mismo gráfico. Es evidente cómo el incremento, la pendiente de las líneas que muestran la esperanza de vida a los 60 y 80 años, no es tan dramática, y debe llevarnos a cuestionar la razón de ese incremento propuesto de 5 años en edad de pensión



Estas gráficas de Asofondos/ANIF deberían avergonzar a la comunidad de economistas y demógrafos y al público general en Colombia: Asofondos está manipulando las gráficas que usa para que  nos fijemos en aumentos marginales, mientras que la historia es que la longevidad no ha crecido ni crecerá tanto entre las personas mayores.

Si los mayores no viven mucho más, ¿cómo pueden justificar el que la edad de jubilación se deba elevar 5 años, además de lo que ya se ha elevado desde la ley 100? ¿cómo es que ANIF describe la bomba pensional que se viene, explicando que una mesada de 25 años va a valer 200 millones de pesos, cuando para la población en general que tiene 60 años, el promedio de años de vida que le queda es de 21,4? 

Sergio Fajardo, candidato presidencial, PhD en Matemáticas, creo que los colombianos podemos sumar y restar, y entender un argumento: no se limite a repetir el libreto de ANIF Asofondos. 



2016/02/26

Dudoso pronóstico de Asofondos sobre rentabilidad real de portafolios

En la escasa producción documental de Asofondos encontramos un material interesante, una presentación titulada Costos de las decisiones pensionales hecha por Rafael Llano para un taller de periodistas celebrado en Noviembre del 2015.

En la presentación se comparan los resultados que una misma persona tendría bajo cada uno de los dos regimenes.  En este caso , en que la persona no se va a pensionar bajo ninguno de los dos sistemas, el resultado es muy sencillamente la cantidad de dinero que recibe en un momento de retiro (en vez de la mesada pensional); la suma se llama indemnización sustitutiva o devolución de saldos según el sistema.

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Bueno, quizás a Rafael Llano se le olvidó actualizar los números y tablas para hacerlos compatibles, pero aún así se entiende el argumento: en el sistema de ahorro individual (AFPs) es esperable una rentabilidad superior que en el de prima media (Colpensiones etc) por que la plata se ha invertido y dicha inversión
producepuede producir unos rendimientos reales (*).

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En la primera gráfica también se ve que cuanto más altos sean esos rendimientos reales, mayor será la superioridad del ahorro individual: si el rendimiento real fue del 6%, la diferencia sera mayor que si el rendimiento fuera del 4%. Incluso, el autor nos menciona una "tasa intermedia" del 5% real.

Pero cabe la pregunta: ¿rentabilidad del 5% REAL?   ¿de qué portafolio balanceado puede salir ese 5% real?  

Aún más: la persona del ejemplo, con 51 años de edad, próxima a dejar su vida laboral, muy seguramente va a tener un portafolio moderado o conservador. Digamos, para facilitar los cálculos, que su portafolio es mitad en Renta Fija y mitad en Renta Variable. La rentabilidad real en bonos del tesoro colombiano de buena calidad, duración intermedia, va a ser de entre 0% y 1%,
y digamos que una buena dosis de bonos corporativos y otros bonos internacionales lo sube al 2,5%. [Estuve viendo portafolios de AFPs; su proporción de bonos corporativos e internacionales es muy pequeña; la gran mayoría de su renta fija es en bonos del estado colombiano; por eso bajo la rentabilidad esperable]. Si el portafolio total le renta 5% real, y la mitad de dicho portafolio le renta
2,5% 1%, ¿cuánto ha de haber rentado la otra mitad? Si $\frac{1\% + x\%}{2} = 5\%$,  necesitaríamos que $x\% = 9\% $.

¿Rentabilidad del
7,59% real en acciones?  Muestro el estimado de Portfolio Solutions para los próximos 30 años, la columna representa rentabilidades reales:

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En importante paper de Bogle, la rentabilidad nominal de las acciones en los Estados Unidos sería del 7% -- este numero ignora inflación y asume que la inversión no tiene costos.  Estos costos de la inversión pueden ir de 0.75% a 3%, y para Colombia bien podemos suponerlos en el rango alto. Así que ya vamos por los terrenos del 3,5 y 4% real en la porción de acciones estadounidenses.

El éxito del modelo de las AFPs está basado en suponer que la inversión va a resultar en ciertas rentabilidades. ¿De veras Asofondos está esperando rentabilidades del 5% real en portafolios moderados? ¿Acaso no habrá algún periodista financiero que, en estos talleres, les cuestione esos supuestos?




(*)Recordemos que la rentabilidad real es definida como la rentabilidad nominal ajustada por la inflación. Por ejemplo, si después de un año me acaban de regresar un CDT que creció un 7,5% anual, pero en ese tiempo las cosas valen, por inflación, 6,5% más , el CDT sólo tuvo una rentabilidad real del 1%.